Primera salida de hemanamiento con nuestros socios Coreanos de Ves-Pelando 바람

    Lo que iba a ser una sencilla salida dominical de Vespeando, que presumía de hermanamiento con nuestros socios asiáticos, terminó convirtiéndose en un incidente diplomático protagonizado por sus socios impresentables y en una crisis de estacionamiento urbano por la cual se nos ha prohibido, a ambos clubes vesperos, la entrada en la localidad de Ocaña para siempre.

    La jornada comenzó a las 9:30 con el encuentro entre ambas delegaciones en Aranjuez, en la explanada del "Lana Velde", para realizar el intercambio de abrazos y diplomas. Todos acudimos puntuales, salvo el sinvergüenza de nuestro presidente, que apareció más tarde alegando que a él le pilla más retirado que a nadie y que, si alguien tenía que esperar, que esperaran los chinos (lo dijo en modo José Luis Torrente). A pesar de semejante salida de tono, se procedió a la entrega de los despachos mientras sonaba La Mandanga, de El Fary, tema con el que nuestro presi asegura que "se pone pinocho".

 

    Partimos por la ruta de Las Vegas: calle de la Reina, Los Callejones, carretera de Colmenar... Un día soleado, aunque nada caluroso, respirando olor a hinojo y espliego, todo ello mientras los ciclistas más prudentes nos adelantaban por la derecha.

    Fue entonces, en la incorporación al puente de Villarrubia, cuando un inesperado agujero de espacio-tiempo nos trasladó, junto con nuestras Vespas, a la región de Paiwai, al norte de Busán, donde aparecimos frente a la pagoda de Xai Shen (aunque algunos insisten en que aquello era la ermita de Nuestra Señora del Castellar). Allí tomamos unas "celvezas" mientras comenzaba el conflicto diplomático de la jornada.

    Fue en ese momento cuando el horrible secreto que nuestro querido compañero Isidro llevaba días ocultando salió por fin a la luz. Los representantes de Ves-Pelando descubrieron que, apenas una semana antes, una joven le había cedido el asiento en el Metro de Madrid al considerarlo una persona mayor. La noticia cayó como una bomba sobre la delegación coreana. Tras unos segundos de respetuoso silencio, estallaron las carcajadas.

    Lejos de defender a nuestro compañero, los españoles decidimos sumarnos al escarnio internacional y propusimos, por unanimidad, romperle el carné de socio. En Vespeando podemos tolerar averías, retrasos e incluso que algunos miembros prefieran irse a Chueca antes que venir a nuestras salidas, pero que una desconocida te ceda el asiento por viejo suponía un precedente demasiado peligroso para el prestigio internacional del club.

    Después del linchamiento colectivo contra Isidro (al que incluso se sumó su propio hijo), decidimos abandonar el espacio coreano, donde quedaron nuestros hermanos de Ves-Pelando, y regresamos por Noblejas rumbo a Ocaña. Sin embargo, el camino todavía nos tenía reservada otra escena memorable.

    En mitad de la carretera, un pobre buitre hambriento se jugaba literalmente la vida para comerse un conejo aplastado sobre el asfalto. No hubo que decírnoslo dos veces. Varios miembros desmontaron inmediatamente de sus Vespas para retirarlo. Antonio, tras una rápida inspección veterinaria, certificó que "todavía estaba fresco" y se lo llevó, ya que podía aprovecharse perfectamente para unas patatas guisadas. Allí se quedó el buitre, con dos dedos de pico, mientras los miembros de Vespeando le dedicaban una cariñosa peineta en señal de despedida.

    El grupo decidió finalizar la ruta en Ocaña. Fue entonces cuando las consecuencias de la cerveza empezaron a hacerse notar. Las Vespas fueron aparcadas exactamente como ordenan los estatutos del club: donde nos salió de los cojones. Mientras el comandante Garcea intentaba calmar a una agente de la Policía Local —ejerciendo simultáneamente de negociador, mediador, abogado defensor y responsable de relaciones institucionales de Vespeando—, el resto de los delincuentes continuaba bebiendo, utilizando el mobiliario urbano como perchero, bailando Paquito el Chocolatero y cometiendo un número indeterminado de infracciones administrativas.

    Nadie tuvo el detalle de acercarle una cerveza al comandante. Y cuando por fin consiguió resolver el conflicto y se dio la vuelta para reunirse con sus compañeros, ya no quedaba nadie: todos habían arrancado sus Vespas y se habían marchado a comerse el conejo de la mala suerte, dejándolo solo en mitad de la carretera, con el casco puesto y la dignidad ligeramente arañada.

    Por cierto, nuestro tesorero continúa desaparecido desde el incidente de Paiwai. Los servicios de información de MAVO han confirmado que decidió quedarse en Corea y ha solicitado asilo político alegando su reciente condición de socio de honor de Ves-Pelando. Las autoridades coreanas estudian incluso nombrarlo vicetesorero de la delegación asiática, decisión que, según fuentes diplomáticas, "podría beneficiar notablemente a sus cuentas corrientes".


    Los coreanos han demostrado ser tan impresentables como los españoles. Para la próxima salida contaremos con el hermanamiento de nuestros socios Senegaleses.

    Me lo he pasado muy bien. Una mañana fantástica. Espero que esto sea más a menudo. Desde MAVO os queremos a todos. Y os prometo que no me fumo nada cuando escribo. Un beso a todos.

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